El packing list es el inventario por bultos numerados de tu envío: qué hay en cada caja y cada mueble que viaja. Es la columna vertebral del expediente — de él beben la proforma, la declaración jurada y el CMR — y tu base de reclamación si algo se pierde o se rompe. Hacerlo bien cuesta una tarde con rotulador y una hoja de cálculo; no hacerlo cuesta preguntas en la Farga de Moles.
De todos los documentos del expediente, el packing list es el más humilde y el más trabajador. Sirve a cuatro amos a la vez: a la aduana, que quiere saber qué cruza exactamente; al transportista, que carga y factura por bultos; a tu reclamación, si algo llega roto o no llega; y a ti mismo en el destino, cuando busques la caja de las sartenes entre cuarenta idénticas.
Y tiene un papel estructural: es el inventario maestro del que salen los demás documentos. Las partidas valoradas de la proforma, la relación de la declaración jurada y el número de bultos del CMR deben poder rastrearse hasta él. Cuando en las guías repetimos que el expediente debe «contar una sola historia», el packing list es el libro donde esa historia está escrita.
Nada exótico: una tabla. Esta estructura resuelve el 99% de los envíos de particulares:
| Bulto nº | Tipo | Contenido | Observaciones |
|---|---|---|---|
| 1 | Caja | Vajilla y menaje de cocina | Frágil |
| 2 | Caja | Ropa de invierno | |
| 3 | Caja | 25 libros y decoración | |
| 4 | Mueble | Sofá 3 plazas | Sin embalar, mantas del transportista |
| 5 | Mueble | Mesa comedor extensible | Patas desmontadas, en bulto 6 |
| 6 | Paquete | Patas de mesa + herrajes | |
| 7 | Caja | Televisor [marca, modelo, nº serie] | Frágil, embalaje rígido |
Fíjate en tres detalles del ejemplo: los muebles sin caja también son bultos y se numeran; las piezas desmontadas referencian dónde viajan sus componentes; y la electrónica de valor lleva marca, modelo y número de serie — el mismo criterio de la guía de electrodomésticos.
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Preparar mi expediente · 49 € Correcciones incluidas si la aduana pide cambiosNo: el nivel razonable es una descripción concreta por bulto («caja 4: ropa de invierno», «caja 9: 30 libros»), no el inventario objeto a objeto. La excepción son las piezas de valor singular — electrónica, instrumentos, antigüedades —, que merecen línea propia con marca y modelo (y número de serie si lo tienen). La regla práctica: cualquier persona debería poder saber qué hay en una caja leyendo su línea, sin abrirla.
Los valores viven en la factura proforma, que es el documento de valor del expediente; el packing list describe bultos y contenidos. Puedes añadir una columna de valor por bulto si te resulta cómodo, pero lo imprescindible no es eso: es que las partidas valoradas de la proforma se correspondan con los bultos de la lista, de modo que quien lea los dos documentos vea el mismo envío. Un total que no cuadra entre documentos es la pregunta más fácil de evitar.
Es tu base de reclamación: si en la entrega faltan bultos o llegan dañados, el packing list numerado — más las fotos de cada bulto cerrado antes de la carga — es lo que demuestra qué viajaba y en qué estado salió. Las reservas se anotan en el propio CMR antes de firmar la entrega, cotejando bulto a bulto contra tu lista: sin lista, la reclamación se convierte en tu palabra contra la del transportista.
Para la ruta Andorra–España, en español (o catalán) sin problema: es la lengua de trabajo de las dos aduanas de la Farga de Moles y de los transportistas del corredor. Lo que importa no es el idioma sino la claridad: descripciones concretas, numeración limpia y coherencia con el resto del expediente. Si tu envío siguiera viaje fuera de la península, tu transitario te dirá si conviene una versión en inglés.